…libertad…

La verdad no sé que sentir por lo sucedido con estas dos señoras que estaban secuestradas y que fueron liberadas por el grupo insurgente más nombrado, no sé si el más reconocido, por el país y bueno, el mundo. No sé si creer que todo fue un excelente trabajo de la intermediación del gobierno de nuestro país vecino. No sé si creer que fue un gesto de buena voluntad de la guerrilla, no sé si es una jugada más de este juego interminable.

Al principio de este cuento sentí felicidad pues uno no puede ser injusto ni egoísta, llevaban casi siete años en las selvas colombianas privadas de la libertad y ahora no lo van a estar, por lo menos no en la selva. Ahora sus familias pueden estar ahora tranquilas con ellos nuevamente, eso creo. Además, por que este niño Emmanuel o Juan David, como se llame, va a volver a encontrarse con su mamita para poder llevar la marca del niño más popular de esta época y ya todos sabemos por qué… ¡ah! eso sin decir que le va a tocar vivir sin su papá. Él si estará en la selva, sin libertad y a lo mejor creando amoríos con más secuestradas y por qué no, hermanitos para Emmanuel.

La felicidad tenía que hacerse presente también por que a alguien le dio por rescatar, si se me permite el término, adelantadamente al niño del que todos hablan y del que nadie seguramente, hablará en unas dos semanas. Este señor, que ahora no va a tener libertad con tranquilidad y que decía ser el tío abuelo de Emmanuel, lo había separado del grupo guerrillero hace mucho tiempo y lo había llevado al ICBF, institución que ha sido cuestionado muchas veces por el trato que se les da a los niños que llegan allí. Ya no sé si fue felicidad lo que sentí.

Había que estar feliz además por que con estas señoras, Clara y Consuelo, llegaron pruebas de supervivencia de otros tantos más que siguen retenidos. Estas pruebas son la esperanza desgastada de que en unos 20 ó 25 años más también podrán ser liberados y ¡claro! con la ayuda del presidente venezolano de esa época, Hugo Chávez Frías, póngale la firma.

Cómo no sentirse positivo cuando la gran mayoría de habitantes de este país se llenó de euforia y hasta lloraron de felicidad como si Colombia hubiera ganado el mundial de fútbol, cuando por fin volvieron a ver libres y dándose besos con sus captores a las señoras que todos esperaban ver de nuevo. O, ¿esperábamos? Ya ni sé.

La verdad no sé que sentir, ahora pienso en los casi 800 secuestrados que quedan cautivos, de los que por la gran mayoría sólo se preocupa su familia y el gobierno los enmarca en un segundo y tercer plano porque no son importantes política o militarmente. Aquellos que por tener la fortuna de haber conseguido más dinero que muchos otros fueron víctimas de la represión de su libertad y son vendidos a sus familias por su mismo dinero.

La verdad ya siento es rabia, no sé en quien creer, si en este gobierno que no hizo nada y dice estar ganando la partida por que asumió como suyo el logro de esta liberación, en el gobierno de nuestro país vecino que exige no llamar terroristas a quienes apresan a civiles inocentes, en la guerrilla colombiana que perdió el sentido de la real lucha por el pueblo o en Dios que parece mirar todo lo que ocurre en este país con indiferencia.

Libertad, es la palabra más mencionada en estos días gracias a este acontecimiento. Pero, ¿Podrán decir lo mismo aquellos que aún siguen en manos de la guerrilla, aquellos por los que este gobierno no quiere hacer nada para devolverlos a sus familias?¿Podrán decir lo mismo los que trabajan sus tierras y son desplazados por una violencia absurda?¿Podrán llamar libertad los menores de edad que son enlistados en las filas de los ejércitos del pueblo?¿Podrán llamar libertad aquellos que perdieron todo a causa de la guerra y que no han sido ni mirados por el gobierno actual?

Libertad, ya no sé ni que es eso, ya no sabemos qué es eso.

Víctor H

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