Una conversación poco amena con mi dedo índice

Cierto día, estaba conversando con una amiga, bueno ella conversaba conmigo, yo ni atención le estaba prestando y justamente eso fue lo que condujo a este aburrido escrito. Resulta que el desinterés por lo que aquella amiga me comentaba me sumió en un profundo pensamiento en nada que me sacó del tedio de aquella conversación ‘unidireccional’ (ilógica connotación, pero apropiada para el caso) y cuando ella se enteró de mi desatención y yo me enteré de su enterada, miró su dedo índice y dijo, tratando de hacerme saber que su dedo le prestaba más atención que yo, textualmente la siguiente frase: “Querido dedo…”

Lo acontecido con mi amiga me llevó a pensar que sí era posible entablar una conversación interesante, no sé si amena, con mi propio dedo índice, no con el de ella que debe conversar aburridamente haciendo honor a su dueña. Mirando mi dedo, no estoy seguro si él mirándome a mí, esto fue lo que resultó:


Yo: Señor índice ¿puede creerme que nunca me había fijado en lo bien que luce usted, con su uña bien pulida no muy larga, pero tampoco demasiado corta, sin un solo uñero? Además, los bellitos que salen de la piel que cubre su falange proximal, lucen radiantes.

Dedo:
Yo: ¿Por qué tanto silencio pequeño amigo? ¿Acaso he incomodado su tranquilo deber cotidiano al lado de sus hermanos? ¿O no gusta usted de los halagos frente a sus semejantes?

Dedo:
Yo: Está bien, espero que su silencio no sea por las tareas que necesariamente le he encomendado durante mi vida. Sé que no es muy agradable ser el encargado de hurgar las fosas nasales y untarse de sustancias desagradables, menos ser quien culpe a otro señalándolo, también sé que es de mucha incomodidad ser quien prueba las diferentes temperaturas y texturas de los objetos que he de tomar con mis manos, de corazón sé que es maluco ser el que siempre vaya a mi boca cubierto de algo que quiera probar y sé que a la hora de usar mi computador, es usted quien más debe laborar para cubrir mi poca técnica de digitación.

Dedo:
Yo: Ahora entiendo porque es usted el encargado de ejemplificar sarcásticamente al que se distrae y pierde interés en una conversación. Es usted muy callado, no responde.

Dedo:

Yo: Juro que no volveré a hablarle nunca y a cambio de ello duplicaré sus tareas diarias y juro que prestaré más atención a lo que mi amiga y otros me hablen, así sea aburrido, para que ellos no pasen por esta penosa situación que he pasado con usted.

2 comentarios:

Víctor Vélez Echeverri dijo...

La verdad no sé en qué estaba pensando cuando se me ocurrió escribir esta pendejada, pero es cierto que me divertí escribiéndola, no me imaginan mirándome el dedo para intentar sacar algo de mi cabeza para escribir. No lo desmonto del blog porque, como dicen por ahí, de los errores también se aprende.
Prometo mejorar para una próxima oportunidad.

Tatiana dijo...

la verdad a mí me pareció muy interesante este escrito, es poco común que nos pongamos a pensar sobre esto, pero si es muy común que tengamos esta expresión...te felicito victor, que imaginación la tuya.

Pdta: y no veo el motivo por el que tengas que desmontar el escrito.