La vida, tú y yo

Llega el viernes y me ilusiono con un fin de semana cargado de pasión, la tuya y la mía. Llega el domingo y despido un fin de semana soso, cotidiano, monótono y aburrido rescatado por tu compañía.

La vida y sus sorpresas nos cambian, paradójicamente, con su rutina. Nosotros nos hacemos presa fácil del desinterés por cambiar la forma de enfrentar la vida, cerramos los ojos y nos soltamos en sus brazos, ella es quien se encarga de nosotros, no nosotros de ella.

Extraño esos días en los que, desinhibidos, permitíamos que la pasión, mayor que la madurez, el cansancio y el temor, nos arropara y nos hiciera suyos. Extraño esos besos llenos de deseo, extraño tus besos, extraño las ganas de besarme. Extraño desprender mis deseos en ti, extraño tus labios.

Extraño el susto de la soledad que nos acompañaba cómplice de nuestros deseos, extraño esa soledad, lo que pasaba cuando estábamos en ella. Extraño la sorpresa del deseo que iniciaba con un juego de cosquillas, extraño esas cosquillas.

Quisiera que la adrenalina que nos invadía, efecto del temor a ser sorprendidos en algún acto de intimidad, nos hiciera sentir de nuevo como esas parejas de novios adolescentes que empiezan a descubrir el sexo tomado de la mano del anhelado amor eterno. Quisiera que mis manos incitaran de nuevo tu deseo, que tu deseo incitara de nuevo nuestro sexo cargado de amor y nuestro amor cargado de candidez y sinceridad.

Quisiera que mis ojos nunca se cansaran de admirar y mirar tu cuerpo, quisiera que mis manos nunca dejaran de sentirse atraídas por tu piel, quisiera que mi deseo nunca dejara de esperar el tuyo, quisiera que tu deseo aceptara siempre al mío, quisiera que la pasión de nuestro amor llegara a rescatarnos de las manos de la monotonía descolorida de las labores cotidianas. Quisiera entender que hay prioridades mayores a un deseo bruscamente colocado en uno de los platos de la balanza justa de la naturaleza y el amor.

La vida y su interés por doblegarnos en su aburrida voluntad está cumpliendo con su cometido, no nos permite aprender a dominar esa, tan necesaria, rutina que hace fuerte al amor. La vida nos está arrastrando a su aburrido ritmo y peor que ello, es que nosotros se lo estamos permitiendo.

Sé que estas palabras no serán una solución, pueden, incluso, agrandar el "problema". La vida no gusta del enfrentamiento con quien la reta; siempre, absolutamente siempre, coloca obstáculos que hacen más complicado el reto, a veces imposible. La vida puede ahora hacerme culpable y responsable de mis sentimientos, esos que ella misma ocasionó.

2 comentarios:

♥EliZaAb3th♥ dijo...

Demasiado bonito... A veces he llegado a sentir eso; las ganas de traer un poquito de la sal del pasado para sazonar este presente... Y es tan difícil... Sin embargo no creo que sea imposible, por más que los demás digan eso.
Un abrazo!

partenon dijo...

Es una desnudez del corazón muy precisa y honesta...demasiado arriesgada y la vez heroica...una cara del sentimiento mismo y del compromiso por lo que se ama