“Sapos hijueputas, al enemigo no se le ayuda”

Por Víctor H. Vélez Echeverri

No soporto el dolor, es borrosa mi vista, escucho voces alrededor, el olor a pólvora no me deja respirar, siento que me ahogo, la boca me sabe a sangre, ¿Dónde está Ana Cristina? ¿Por qué llora Luis? ¿Qué le pasa? no puedo moverme, el pecho me quema.

El llanto desesperado de Luis no para ¿Por qué no puedo moverme? Esa es la voz de Ana Cristina, está llamando a Luis, no puedo gritar no consigo moverme. Han encendido la luz. Ana Cristina, Luis ¿Por qué lloran? ¿Qué sucede? ¿Por qué me miran así? No se vayan, no se alejen, díganme algo.

Las fuerzas me abandonan, se me oscurece todo, no veo a Luis no veo a Ana Cristina. Ya no hay dolor, hay un olor dulce, agradable, siento tranquilidad; pero ¿Qué pasó con mis niños? Ya no los escucho, no los veo. Mi mente está bloqueada, no sé qué es lo que está sucediendo, sólo tengo esas imágenes en mi cabeza. Veo a esos hombres que me atacan, no ¿Por qué? ¿Quiénes son? ¿Qué es lo que quieren? Uno de ellos tapa mi boca, no veo su rostro, sus manos están frías, siento su respiración muy cerca.

“Sapos hijueputas, al enemigo no se le ayuda”, fue lo último que escuché cuando tres ensordecedoras explosiones sonaron, sentí en mi pecho un calor insoportable y vi tres relámpagos que iluminaron los rostros de esos hombres, eran dos, lo recuerdo.

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