Y ahí se queda…de seguro

Salía el Presidente de la República, en su rutina diaria de ejercicios matutinos, de la Casa de Nariño, cuando por un descuido suyo y de sus escoltas acompañantes, fue atropellado por un automóvil que cruzaba por allí a gran velocidad. Debido a este incidente, no preocupante, en realidad, nuestro gran mandatario nacional encontró la muerte.

Resulta y acontece que en las puertas del cielo, vigiladas nada más ni nada menos que por el viejo Pedro, se presenta nuestro presidente gestionando su entrada al paraíso, pero cuál sería su sorpresa cuando Pedro saca de una de sus gavetas un enorme archivo con deudas pendientes por el mandatario nacional, entre las que se encontraban algunas como las famosas Ley 50 y 100, el TLC, Falsos positivos, posibles rescates a fuego de secuestrados y algunas otras más que, aún en la actualidad siguen en vigencia con nefastas consecuencias; y no permite que el recién ex-vivo ingrese libremente al cielo.

Indignado por lo que sucedía allí en las puertas del cielo, el presidente de la República, con su voz cantadita y en diminutivos exagerados, arma el alboroto y exige que le permitan la entrada al paraíso. Pedro, asustado por la actitud del Presidente, llama a Dios y le cuenta lo sucedido, a lo que Dios, decide enviarlo al averno sin dudarlo un segundo. Satanás, el viejo diablo encargado de los infiernos, viendo los antecedentes del mandatario nacional, tampoco quiso recibirlo y decidió, velozmente, devolverlo al cielo. En su eterna sabiduría Dios se ingenia algo para tratar de sopesar la situación y llama por teléfono a Satanás y le propone que se turnen la estadía del presidente de la República de Colombia por cuatro meses, es decir, cuatro meses pasaría este hombrecito en el averno y cuatro meses en el cielo, así por toda la eternidad.

Aceptada la propuesta, el primer turno lo recibe el Paraíso y durante los cuatro meses que el señor Presidente estuvo allí, estuvo escoltado por una horda de ángeles que lo escoltaban. Después de pasados los cuatro primeros meses, el turno le llegó al infierno. Satanás, por primera vez en su existencia sintió susto y con la llegada del hombrecito nuevo hasta sintió calosfríos. Desde su llegada al infierno, el soberano nacional, empezó a hacer amigos, se encontró con Pinochet y sin dudarlo entabló amistad con él, lo mismo hizo con Hitler y Nerón, situación que puso en alerta a Satanás.

En el cielo no se había vuelto a mencionar el nombre del Presidente de la República de Colombia sólo hasta que notaron que ya habían pasado más de cuatro meses y este no regresaba. Dios, con un poco de curiosidad, llama por teléfono al infierno, allí le contesta uno de los demonios recepcionistas y Dios le pide que lo comunique con el Diablo y el demonio recepcionista le respondió: “¿A cuál de los dos, al de hablado cantadito, de carriel y corbata o al de cachos?”.

Este cuento es una adaptación de uno que tuve la fortuna de escuchar de boca de Juan Felipe Palacios.

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