Nuestra tarde de domingo

Hacía un calor insoportable, estábamos recostados en mi cama, yo estaba descalzo y sin camisa, su mano derecha estaba en mi pecho, yo tenía mi cabeza apoyada en las mías, su posición fetal le permitía observarme, yo sólo la veía de reojo. El vestido de flores que tenía la hacía ver más libre. Llevábamos alrededor de dos horas viendo la tele, tomando cerveza y distrayendo la pereza típica de la tarde de ese domingo.

Los dedos de su mano derecha que estaba en mi pecho se contrajeron y dejaron sentir en mi piel un rose placentero de sus uñas, ella empezó a bajar su mano y en cuestión de segundos la tenía en mi estómago, yo luché contra la sensación de cosquillas y templé mi abdomen. Sentía cómo sus ojos me miraban. Ella siguió bajando su mano, puso sus dedos sobre mi correa y delineó con su índice la hebilla, luego incrustó su pulgar entre mi abdomen y el jean. Su mano seguía inquieta, ahora estaban todos sus dedos aprisionados entre mi piel y los boxer que llevaba puestos, pero no fue eso impedimento para que su mano siguiera bajando.

Mi sexo estaba ahora entre sus dedos, el calor de mi piel se mezcló con el de su mano. Ella levantó un poco su cuerpo y acercó sus labios a los míos, me supieron a gloria, mis manos acariciaron su cabello y sus brazos, su mano aún estaba dentro de mi pantalón. Ese beso me invitó a acariciar sus piernas, poco a poco subía su vestido de flores y recorría sus muslos, no pasó mucho tiempo para que mis dedos sintieran el delgado hilo de sus tangas, las recorrí en su parte trasera. El beso seguía vigente pero ahora albergaba más pasión e ímpetu. Ella seguía acariciándome, yo disfrutaba de sus caricias.

El calor de la tarde ya no asfixiaba, la tele era un simple espectador, el domingo era el cómplice. Con mis labios empecé a recorrer su rostro y su cuello, con mis manos recorría sus caderas y sus piernas, con mi corazón recorría el suyo.

Nuestras posiciones habían cambiado, ella estaba ahora acostada boca arriba y yo casi recostado en ella, sus ojos me miraban y sus manos apretaban mis brazos, yo cargaba el peso de mi cuerpo en el brazo derecho, con mi mano izquierda delineaba ahora sus tangas pero esta vez en la parte delantera, sus piernas se sentían cálidas y suaves. Ella desabrochó mi correa y el botón , posteriormente bajó el cierre e intentó bajar el jean, mis dedos habían dejado de recorrer el delgado hilo de sus tangas y estaban acariciando su sexo. Su mirada se incrustaba en la mía. Logró bajar el jean y de paso los boxer, sus dedos volvieron a aprisionar suavemente mi sexo.

Con un movimiento de su cuerpo se acomodó debajo de mí, abrió sus piernas y me abrazó con ellas, ahora éramos uno solo. Su vestido ya no cubría casi nada de su cuerpo, mi jean estaba ahora en el suelo, sus senos se aprisionaban contra mi pecho, sus manos recorrían mi espalda, las mías sostenían sus caderas y armónicamente nuestros cuerpos se movían al ritmo del placer más puro.

Ella estaba ahora recostada en mi pecho, su vestido seguía rebujado, mi jean aún en el suelo y nuestros rostros colorados. Ambos tarareamos la melodía de una reconocida canción de un comercial que pasaba en la tele. No nos dimos cuenta del transcurrir de tiempo, eran las 7:45 de la noche, su vuelo salía a las 7:00.

3 comentarios:

JuanSe dijo...

jajajajajajajaja... excelente mi hermano... sabés... hay algo con los domingos que generan eso... yo tengo una entrada llamada calor... que narra una tarde de domingo con sol a 35 grados y lo demás es adorno...

está perfecta...

un abrazo y nos seguimos leyendo...

Anónimo dijo...

que bien mi vida, me encantó ese final tan inesperado.

te felicito.

partenon dijo...

Parsero como siempre te luciste...antes de admirar tu narración debo sugerirte de buena manera que tengas cuidado un poco en un detalle ortográfico y otro de estilo en una parte del escrito. En el segundo párrafo escribiste "cozquillas" y respecto a la redacción, sugeriría que no usaras la palabra tangas (en el cuarto párrafo y más si se repite en el mismo, ya que empaña un poco esa narración erótica y estéticamente bien manejada, hubieses usado ropa intima alguna expresión metafórica que pudiese mantener ese estilo romántico.

Por lo demás no me queda más que admirar tu atención en los finos detalles y la descripción tan simple pero tan concreta como llevas tu relato, en el que a pesar de tener un contenido algo encendido, nunca da pie para convertirse en un escrito vulgar ni censurable...felicitaciones viejo Victor!!!