Hermosa


Allí iba, atravesando el centro de la ciudad, absorta no sé en qué pensamientos, hermosa como siempre; como nunca. Yo solo la miraba, la admiraba. El poco sol que se atrevía a traspasar las grises nubes iluminaba su cabello, la brisa fría chocaba suavemente con sus manos y su rostro como queriéndole acariciar.

Yo solo la miraba, la admiraba. Es la mujer más hermosa que he visto.

Parecía no importarle su alrededor, el ruido de los carros y los gritos de los vendedores ambulantes no la perturbaba. Iba fresca, sonriente y enfrentando con tranquilidad el caos citadino. Su belleza sobresalía entre los demás habitantes. Yo caminaba a su lado. La miraba, la admiraba.

- Me encantas, le dije en un osado impulso que la sacó de su tranquilidad.

Me miró, se sonrió, apretó mi mano y prosiguió con su caminar mientras me decía: Te amo.

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