Ni arte ni cultura

No sé por qué me encerrarán allí, hace demasiado calor, sentiré voces al alrededor, esas tablas no me dejarán mover, intentaré girar a los lados pero me será imposible. Ellos me mirarán y se reirán, echarán en mis extremidades ese ácido de olor repugnante que hará que mi piel se queme y me haga dar brincos de dolor.

En mis ojos aplicarán cera caliente para apagar mi vista, el dolor será insoportable, mi piel será traspasada en varias ocasiones por varas afiladas y harán que mi sangre salga sin medida, me golpearán sin compasión, sentiré como con un garrote firme sacarán el aire de mis pulmones y maltratarán mis testículos, pasarán más de 24 horas y estaré encerrado sin poder moverme, solo podré beber de ese líquido ardiente que provocará en mí nauseas y diarrea. Mi cuerpo estará débil, a tal punto que no podré sostenerme en pie.

Pensaré en mi familia, en el deseo de estar de nuevo con ellos disfrutando del verde prado, sentiré la sangre correr por mi dorso, el dolor se convertirá en debilidad y el aturdimiento por los golpes sólo desaparecerá momentáneamente cuando me piquen de nuevo con las varas de acero y abran ese portón grande que permitirá la entrada de la luz y mi única salida de ese sufrimiento. Correré con todas las fuerzas que ya no tendré, cruzaré feliz la puerta y olvidaré por un pequeño instante todas mis dolencias.

Los gritos de la gente harán que me desubique, no desearé devolverme. En frente mío hallaré a un hombre con traje de luces ceñido a su cuerpo y con una capa roja en su mano, él agitará su capa y me gritará, yo miraré con dificultad a mi alrededor, escucharé los gritos de todos los que, escondidos tras los muros, me observarán y observarán al hombre de traje de luces. No encontraré salida, lucharé por una última oportunidad de escapar de ese extraño lugar, atacaré con ímpetu, pero sin mi entera ubicación, al hombre que estará en frente de mí y él pasará, con cada uno de mis ataques, su capa roja por mi rostro mientras los demás gritarán con alegría.

Estaré mareado, mi sangre seguirá brotando, mis extremidades se debilitarán más y más con cada ataque que intentaré hacer, el aire de mis pulmones se acabará en cada segundo y la cera caliente en mis ojos dificultará más mi visión.

Los gritos no cesarán, el hombre del traje de luces estará, frente a mí, parado con un orgullo que no le pertenece, en sus manos tendrá dos varas filosas cubiertas por pequeñas banderillas de colores, yo trataré de defender mi libertad y lo atacaré de nuevo y sentiré como de nuevo mi piel es traspasada, sentiré como colgarán las varas adornadas de mí y con cada movimiento, estas cortarán sin parar mi carne, mi sangre brotará con mayor fluidez. Mi visión cada vez será más borrosa, mi cuerpo estará más débil cada instante, los gritos serán mayores y en cada ataque que lance sentiré más varas desgarrando mi piel y perforando mi carne.

A mi cuerpo vendrá un nuevo aire de fuerza y lo aprovecharé para realizar mi último esfuerzo de lucha, atacaré al hombre de traje de luces que nuevamente pasará su capa por mi rostro y, además, atravesará sin compasión, una enorme espada en mi corazón. El aire abandonará finalmente mis pulmones, el dolor desaparecerá de mi cuerpo, mi visión se anulará por completo y tendido en la arena sentiré como los gritos de júbilo de los que presenciaron mi lucha fallida se harán más fuertes. Después de un momento de calma, cortarán mis orejas y mis testículos, arrastrarán mi cuerpo nuevamente hacia el lugar en donde empezó esta historia y allí, sentiré la presencia de uno más que espera para sufrir la misma tortura que yo he de sufrir.


1 comentario:

Catalina Yepes L dijo...

Es una historia encarretadora y además hay que leerla hasta el final para poder saber de quien se esta hablando porque durante esta el lector se pregunta que de quien se esta hablando entonces eso incita a seguir leyendo.
Victor te felicito como todas las demás historias está excelente.