Disonancia Infernal

Por: Manuela Giraldo Sánchez

En cuanto sentí mi rostro cubierto de sangre supe que el golpe había sido lo suficientemente fuerte, aunque no me hubiera dolido. Me pasé la mano por el rostro y vi que la sangre salía a borbotones de mi nariz, en cuanto regresé la vista a mi enemigo noté que había desaparecido, temerario, y me sorprendí realmente; ¿No era él quien había dado el primer golpe exitosamente?, entonces consideré la posibilidad de que hubiera hecho una nueva táctica en mi contra para sorprenderme de nuevo, como la vez anterior.

Sigilosamente torné mi vista, entrecerrando los ojos para ver mejor en la oscuridad de aquel bosque espeso, hacia los inmensos árboles que rodeaban mi cuerpo y hacían del lugar un sitio más lúgubre. Pude ver sus enormes ojos amarillos sobre la copa del árbol más alto situado justo detrás de mí, esta vez lucían más rabiosos que antes y destellaban el brillo más formidable que jamás hubiera visto. ¡Ahj! Esos ojos me hacían arder el alma cuando los veía, aunque no supiese de quién se trataba…

Desperté y mi cuerpo se estremeció por completo. Una y otra vez había visto la mirada penetrante de aquellos ojos que despedían fulgor, en mis sueños. Tuve que tomarme unos minutos para recordar el rostro de aquella criatura, pero me veía incapaz de hacerlo, únicamente me era posible conmemorar esos ojos.

Cada vez que mis ojos se cerraban aparecía allí ese sentimiento extraño de que volvería a atacarme. Podía sentirlo acercarse a mí, ¡eso estaba seguro!

Lo vi balancearse en las ramas de los árboles, ágilmente sin dirección alguna. Era tan veloz que si mis parpadeos hubiesen durado un segundo, de seguro me hubiese perdido la carrera y allí estaba yo, una vez más en asombro por esa bestia, temiendo de nuevo a sentir su mirada cerca.

Me embragaron las ganas de gritar cuando se puso en frente mío, sólo a unos centímetros de mi cuerpo, y pude sentir el aire caliente que fluía entre nosotros. Se acercó aún más, erizándome la piel, para susurrarme algo al oído… Después sentí el golpe y como la sangre manchaba mi ropa.

Una vez más, la luz de la luna filtrada por la cornisa de la ventana me despertó de aquel recurrente sueño que me hacía expresar confusión y temeridad, no consideraba posible que aquella criatura estremeciera mi alma en sueños cuando nada de lo real me hacían sentir el más mínimo recelo.

Decidí entonces caminar un poco en la fresca noche para despejar mi mente, más cada paso que daba era estar un poco más cerca de enfrentar mi temor. Mis ensoñaciones hallaron en el sendero de aquel bosque colindante tras mi hogar el escenario ideal para materializarse… todo lo que veía en cada árbol, en cada rama, eran esos ojos asesinos, cada paso del viento por mis oídos, eran restos de la ruidosa respiración de aquella bestia.

Poco a poco el ruido de la noche, las aves de presa, los animales nocturnos, el arrollo del centro del bosque… todo llenaba mi mente en una disonancia infernal. Caminaba más deprisa como huyendo del ruido. Todo era espantoso. Mi respiración se agitaba, mi ira crecía como el negro de la noche, y un lejano aullido de lobo, cuando las nubes destaparon la inmaculada luna llena, cegó por un momento mi razón, porque aunque lo escuché bastante lejos, lo sentí en lo más hondo de mi alma, estremeciéndola por completo y buscando hallar insaciablemente aquel monstruo que me hacía enloquecer, aunque sabia que solo era un sueño.

La sangre en mis venas hervía como fuego, cada paso que daba lo sentía más cerca del enemigo, por alguna razón psicótica en mi mente sabía que esta noche encontraría a la bestia, que no me volvería a atormentar en sueños, pues en la realidad la enfrentaría, la ira me guió de nuevo a mi hogar, seguí mi instinto sabiendo que estaría dentro de mi casa, buscándome como cada noche a esta hora entre mis sueños para torturarme. Cada puerta tronó con mis golpes de ira al abrirla, tras cada una de ellas esperaba encontrarle, y finalmente al entrar a mi habitación lo encontré, allí, frente a mí, con sus ojos fulgurantes de ira, sus manos como garras listas para atacar; apenas vestido con harapos rotos por su horrenda mutación, sus colmillos rabiosos esperaban la presa, y su negro pelaje encontraba mimetismo en lo oscuro de la noche… Lo miré perplejo a los ojos, pero él no pudo hacerme nada… pues sólo era mi reflejo en el espejo.



1 comentario:

JuanSe... dijo...

parceeeeeeeeeeeeeeee.... no pasaba por acá porque estaba trabajando fuerte... hoy tuve dia de descanso y me sorprendí con esto... porque es el fiel y vivo relato de alguien paranoíco y hasta esquizofrénico, como yo... changos... me sentí tan identificado que jm... no te imaginás...

un abrazo pa vos parce... y pa la autora de éste relato!! ah... y leí nuevamente tu historia sobre tauromaquia... y si, nos parecemos... la mía jajajajaja... es realmente basada en esa canción de nadie!!