La Bonita lo
miró y su cielo se fue pintando de amarillos luminosos, le habló y la tarde se coloreó de anaranjados brillantes, le sonrió y la vida le estalló en azules
refrescantes, lo besó y arcoiris indescifrables llenaron su
existencia. La Bonita hizo del rojo, del morado, del verde y del rosa, caricias
interminables para su espíritu.
viernes, 21 de abril de 2017
miércoles, 8 de marzo de 2017
Ella(s)
Y ella, corrió
huyendo de las demás, huyendo de los demás, de esos y esas que la atacaron y la
creyeron inferior. En su carrera se encontró con muchas otras que también huían,
solas, igual que ella. Y vio que eran muchas, que eran demasiadas, que eran
suficientes.
Ella detuvo su
carrera y gritó a las otras que corrían para que pararan sus pasos. Las vio
iguales a ella, a las otras y a los otros que la atacaron, que la ignoraron, que la creyeron inferior. Ella miró
hacia atrás y retornó por el mismo camino, solo que esta vez no lo hizo corriendo,
tampoco lo hizo sola. Esta vez lo hizo caminando y convenciendo a las otras de
volver y luchar. Juntas caminaron recuperando los pasos, recuperando el valor,
recuperando la dignidad, recuperando la igualdad.
Algunos y algunas las
recibieron con alegría, otros y otras con rabia.
Desde ese momento
ellas no huyeron más, desde ese momento ellas luchan unidas, desde ese momento
algunos luchan de su lado, desde ese momento algunos y algunas luchan contra
ellas.
Y ella, sigue siendo
ella, pero más fuerte, más decidida.
miércoles, 22 de febrero de 2017
Morenita de chocolate
rodaron cristales de
vida,
de su boca, las
palabras perfectas
que fueron la
bienvenida
a este mundo nuevo de
colores
que empezaba a contar
tus días.
Tu llanto dijo
¡presente!
Quiero ver tu cara
papá,
y a mis brazos te
confiaste,
recomendados por mamá.
Mami y tú volvieron a
ser una,
prendida a su pecho te
miré extasiado
su alimento, su vida,
su ser le tomabas,
su rostro como nunca
enamorado.
Una, tú y mami eran
de nuevo una.
Yo, viviendo.
Transformado.
Hoyitos en las
mejillas,
tu boquita delineada,
los ojitos apagados,
tu sonrisa,
perfectamente adornada.
Tu voz que alimenta
mi alma,
tu alegría desbordada.
Morenita de chocolate
de cabello caprichoso
ensortijado en las
puntas
y castaño luminoso.
Sueña, imagina, crece,
lucha, no te rindas,
pelea.
Niña de mamá, vive,
siempre vive mi princesa
sé feliz, construye, desea.
jueves, 17 de diciembre de 2015
Despertar
Estaba despeinada como ninguna otra, tenía algunos mechones de su
cabello señalando el cielo y en su boca solo se podían ver dos de sus dientes. Sus ojos algo hinchados y su aspecto aperezado
era el de alguien que recién se levantaba. No pude contenerme y la abracé.
Me miró a los ojos, sonrió un poco y con sus manitos tomó mi cara
mientras me decía “papá”.
#LupitaFan #MiDulceCompañía #AmordelBueno #LaMejorHistoria
sábado, 21 de abril de 2012
Por eso Calío contaba solo hasta siete
Óscar
Darío fue uno de esos amigos de la infancia que son imposibles de olvidar, esos
con los que uno hace y deshace como dicen las mamás. Digo que fue porque hace
poco más de un año murió después de que un carro lo atropellara cuando salía de
la farmacia luego de comprar una botella de alcohol para preparar ese
“chirrinchi” con el que solía emborracharse para olvidar a su mujer, esa que lo
dejó por dedicarle más tiempo al juego de cartas que a su familia.
Le
decíamos Calío porque así le decía Marina, su hermana menor que apenas empezaba
a hablar, y como sonaba gracioso y acortaba y hacía más simple su nombre, Óscar
Darío fue Calío por siempre.
Recuerdo
que estudiamos juntos desde primero hasta el cuarto sexto que hicimos antes de
que abrieran el billar de Enrique y nos pusiéramos a trabajar allí; él lavando
vasos y yo sirviendo tragos. Recuerdo que yo no era capaz de pronunciar bien la
doble R por un problema en mi paladar y que él solo sabía contar hasta diez y
lo hacía en sus dedos.
Recuerdo
que la maestra Ofelia, la de español, siempre que pasaba frente al billar
camino al colegio, y nos veía metidos allí, casi nos rogaba que regresáramos a
estudiar. Recuerdo que nos gustaba la misma ‘pelaita’, Estrella, la hija del
dueño de la fábrica de cerámicas y que nunca se dio por enterada de lo que
Calío y yo sentíamos por ella, eso creo. Recuerdo que él cogía hormigas
cachonas y yo arañas y las metíamos juntas en un tarro para ver cómo una vencía
a las otras sin tregua alguna y recuerdo que a él le fascinaba comer torta
negra con arepa y mantequilla y a mí el miga’o de agua de panela con galletas,
buñuelo y pan.
Pero
hay una cosa que nunca ni jamás se me va a olvidar. Recuerdo como si fuera ayer
las escapadas que hacíamos al pueblo vecino para ver a través de los
extractores de aire del burdel, a las bailarinas que se empelotaban para
mostrarle todo a los borrachos que emocionados, les entregaban billetes de
todas las denominaciones.
Es
imposible olvidar que en una de esas escapadas, mientras veíamos a una de las
bailarinas quitarse su poca ropa, por un trágico descuido, Calío introdujo su
mano derecha en uno de los extractores de aire y sus aspas le cortaron tres
dedos. El pobre redujo su capacidad de contar los números hasta el 10 y por eso Calío contaba solo hasta siete.
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