lunes, 2 de mayo de 2022

El payaso

Me pinto la risa, claro, es de la única manera que me reconoces, por lo que hago.

Y hay que continuar con el show.

Ríete conmigo, eso es lo que quieres.

Mírame, también me río, puedes ver la risa pintada en mi cara.

martes, 19 de abril de 2022

Angelito de la guarda

Angelito de la guarda
que volando siempre llegas
tu cuidado siempre entregas
y tu alivio nunca tarda.
 
Me acaricias con amor
con tus alas suavecitas,
con tus manos rosaditas
me proteges del dolor.
 
Tú me llenas de alegría,
me acompañas, angelito
en la noche y en el día.
 
Con tu amparo siempre cuento
angelito de los cielos
y por eso estoy contento.

Luna

Luna brillante
de cara redonda
¡tengo una tristeza!
una pena muy honda.
 
La niña que me gusta
no vino hoy a la escuela.
nos dijo la maestra,
Que por un dolor de muela.
 
Espero se mejore
y a clases vuelva pronto
porque miro y miro, cada instante
su pupitre como un tonto.
 
Luna brillante
de cara redonda
¡tengo una tristeza!
una pena muy honda.
 
No quiero ni estudiar
en clase no me concentro
del salón salgo y entro
y no la veo llegar.
 
¡Qué día tan genial!
hoy regresó Lupita,
la alegría no se quita,
gracias Luna celestial.

viernes, 23 de julio de 2021

Un buen día para morir

El sol es escaso, pero el calor es insoportable. Desde mi ventana puedo ver algunos guayacanes florecidos que sobresalen entre algunos otros árboles citadinos y edificios residenciales cercanos.

En mi cabeza ronda la muerte ¿Qué es eso de muerte? la busqué en el diccionario, en la Biblia, en mis pensamientos, en sabores, en noticias y hasta en redes sociales.

Quisiera no pensarla más, pero es inevitable. No sale de mí, la siento encima apuñalándome la cabeza con recuerdos y el corazón con sentimientos de rabia y dolor. Trato de enfocarme en esos consejos que me han dado como placebo para detener lo inevitable y me dan ganas de vomitar, porque me hastían, porque me empalagan, porque ya me los sé de memoria.

¿Qué pensarán y dirán todos después de que lo haga?

“Fue muy cobarde”, dirán algunos. “Quién sabe qué problemas tenía”, dirán otros. Algunos más buscarán culpables y señalarán sin medida a quien se les antoje.

Yo sé que descansaré, o bueno, por lo menos cortaré de tajo el dolor, mi dolor.

viernes, 1 de febrero de 2019

Lupita Fan



Niña que juega a ser grande
Es maestra y es madre
Tiene alumnos de felpa e hijos de plástico
Y es sabia cual mamá de 4 años.

Es honesta su mirada de color caramelo
Llora a veces de alegría y ríe de frustración
Siempre expresa lo que siente con palabras de verdad.

En las mañanas al despertar
Su sonrisa es su saludo
Y la de papá y mamá la respuesta a ese amor.

Las tardes son de brincos, cantos, cuentos y juguetes
De cuadernos y crayones y la lección del colegio
Y de recarga de energía cuando su siesta toma.

Cuando reza en la noche no es por ella
Por los demás al cielo pide
Con frases que dicta de memoria
Pero que del corazón le salen.

¡Mi princesa qué feliz me haces!
Felicidad que se duplica porque mamá también lo es
Soy tu fiel admirador y aprendiz más entregado.

viernes, 21 de abril de 2017

De colores

La Bonita lo miró y su cielo se fue pintando de amarillos luminosos, le habló y la tarde se coloreó de anaranjados brillantes, le sonrió y la vida le estalló en azules refrescantes, lo besó y arcoiris indescifrables llenaron su existencia. La Bonita hizo del rojo, del morado, del verde y del rosa, caricias interminables para su espíritu. 


miércoles, 8 de marzo de 2017

Ella(s)


Y ella, corrió huyendo de las demás, huyendo de los demás, de esos y esas que la atacaron y la creyeron inferior. En su carrera se encontró con muchas otras que también huían, solas, igual que ella. Y vio que eran muchas, que eran demasiadas, que eran suficientes.

Ella detuvo su carrera y gritó a las otras que corrían para que pararan sus pasos. Las vio iguales a ella, a las otras y a los otros que la atacaron, que la ignoraron, que la creyeron inferior. Ella miró hacia atrás y retornó por el mismo camino, solo que esta vez no lo hizo corriendo, tampoco lo hizo sola. Esta vez lo hizo caminando y convenciendo a las otras de volver y luchar. Juntas caminaron recuperando los pasos, recuperando el valor, recuperando la dignidad, recuperando la igualdad.

Algunos y algunas las recibieron con alegría, otros y otras con rabia.

Desde ese momento ellas no huyeron más, desde ese momento ellas luchan unidas, desde ese momento algunos luchan de su lado, desde ese momento algunos y algunas luchan contra ellas.

Y ella, sigue siendo ella, pero más fuerte, más decidida.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Morenita de chocolate


De los ojos cansados de la mami
rodaron cristales de vida,
de su boca, las palabras perfectas
que fueron la bienvenida
a este mundo nuevo de colores
que empezaba a contar tus días.

Tu llanto dijo ¡presente!
Quiero ver tu cara papá,
y a mis brazos te confiaste,
recomendados por mamá.

Mami y tú volvieron a ser una,
prendida a su pecho te miré extasiado
su alimento, su vida, su ser le tomabas,
su rostro como nunca enamorado.
Una, tú y mami eran de nuevo una.
Yo, viviendo. Transformado.

Hoyitos en las mejillas,
tu boquita delineada,
los ojitos apagados,
tu sonrisa, perfectamente adornada.
Tu voz que alimenta mi alma,
tu alegría desbordada.

Morenita de chocolate
de cabello caprichoso
ensortijado en las puntas
y castaño luminoso.

Sueña, imagina, crece,
lucha, no te rindas, pelea.
Niña de mamá, vive, siempre vive mi princesa
sé feliz, construye, desea. 

jueves, 17 de diciembre de 2015

Despertar

Estaba despeinada como ninguna otra, tenía algunos mechones de su cabello señalando el cielo y en su boca solo se podían ver dos de sus dientes.  Sus ojos algo hinchados y su aspecto aperezado era el de alguien que recién se levantaba. No pude contenerme y la abracé.

Me miró a los ojos, sonrió un poco y con sus manitos tomó mi cara mientras me decía “papá”.


#LupitaFan #MiDulceCompañía #AmordelBueno #LaMejorHistoria

sábado, 21 de abril de 2012

Por eso Calío contaba solo hasta siete


Óscar Darío fue uno de esos amigos de la infancia que son imposibles de olvidar, esos con los que uno hace y deshace como dicen las mamás. Digo que fue porque hace poco más de un año murió después de que un carro lo atropellara cuando salía de la farmacia luego de comprar una botella de alcohol para preparar ese “chirrinchi” con el que solía emborracharse para olvidar a su mujer, esa que lo dejó por dedicarle más tiempo al juego de cartas que a su familia.

Le decíamos Calío porque así le decía Marina, su hermana menor que apenas empezaba a hablar, y como sonaba gracioso y acortaba y hacía más simple su nombre, Óscar Darío fue Calío por siempre.

Recuerdo que estudiamos juntos desde primero hasta el cuarto sexto que hicimos antes de que abrieran el billar de Enrique y nos pusiéramos a trabajar allí; él lavando vasos y yo sirviendo tragos. Recuerdo que yo no era capaz de pronunciar bien la doble R por un problema en mi paladar y que él solo sabía contar hasta diez y lo hacía en sus dedos.

Recuerdo que la maestra Ofelia, la de español, siempre que pasaba frente al billar camino al colegio, y nos veía metidos allí, casi nos rogaba que regresáramos a estudiar. Recuerdo que nos gustaba la misma ‘pelaita’, Estrella, la hija del dueño de la fábrica de cerámicas y que nunca se dio por enterada de lo que Calío y yo sentíamos por ella, eso creo. Recuerdo que él cogía hormigas cachonas y yo arañas y las metíamos juntas en un tarro para ver cómo una vencía a las otras sin tregua alguna y recuerdo que a él le fascinaba comer torta negra con arepa y mantequilla y a mí el miga’o de agua de panela con galletas, buñuelo y pan.

Pero hay una cosa que nunca ni jamás se me va a olvidar. Recuerdo como si fuera ayer las escapadas que hacíamos al pueblo vecino para ver a través de los extractores de aire del burdel, a las bailarinas que se empelotaban para mostrarle todo a los borrachos que emocionados, les entregaban billetes de todas las denominaciones.

Es imposible olvidar que en una de esas escapadas, mientras veíamos a una de las bailarinas quitarse su poca ropa, por un trágico descuido, Calío introdujo su mano derecha en uno de los extractores de aire y sus aspas le cortaron tres dedos. El pobre redujo su capacidad de contar los números hasta el 10 y por eso Calío contaba solo hasta siete.

lunes, 17 de enero de 2011

Bigotes y Juanita


Nadie sabía de sus escapes hasta que el vecino denunció que Juanita había sido violada por un ‘chandoso’ negro de bigotes blancos y cuerpo menudito. El viejo Bigotes, todo un perro (literal y figuradamente hablando) había cumplido con su cometido, tras dos largos años de luchas constantes por acceder al amor de Juanita, por fin lo había conseguido.

Bigotes es un perro de la calle criado desde hace aproximadamente tres años atrás en una casa de una pareja de viejos esposos que no pudo tener nunca hijos. Llegó a esa casa acompañando a un joven limosnero al que la señora de la casa un día alimentó. El viejo era un periodista pensionado de uno de los diarios más prestigiosos de la ciudad, la vieja fue siempre fiel sirviente de los caprichos del viejo y de los quehaceres de la casa. Juanita es una French Poodle muy joven aún, tiene algo más de un año y es el reemplazo de Juana, una Cocker Spaniel que murió bajo las ruedas de un autobús cuando se le soltó a su dueño en una mañana de paseo en una calle cerca su casa.

Esa tarde en que Bigotes y Juanita tuvieron su encuentro amoroso empezó la guerra de vecinos más corta de la historia y la historia de amor más sincera y tierna.

Después de denunciar ante la Policía la violación de su perrita, Fidel volvió a su casa, sacó su arma y sin vacilaciones fue a la casa de los viejos y los asesinó. Bigotes pudo escapar de aquel atentado pues cuando escuchó el primer disparo salió corriendo por la rendija por la que escapó el día en que se amó con Juanita.

Cuando corría calle arriba vio a su enamorada empujando la puerta de su casa. Su dueño la echó a la calle después del desagravio.

Ambos prefirieron huir y tratar de sobrevivir juntos a las inclemencias de la calle, a la realidad de estar afuera y lejos de sus casas, sin alimento, techo y cama. Bigotes ya lo había vivido, Juanita no se imaginó nunca lejos de su hogar, lejos de su dueño.

Habían logrado sobrevivir algo más de dos meses cuando Juanita se vio sola bajo las escaleras de la estación de autobuses. Con cinco semanas de embarazo y un estado deplorable de aseo y aspecto, Juanita esperaba a que Bigotes regresara con el alimento del día, ese que no había faltado ni un solo día desde que escaparon juntos.

Ese lunes gris si faltó el alimento, también faltó Bigotes, no volvió más, Juanita esperó en vano.

Después de dos días de espera Juanita fue recogida en la estación de autobuses por un hombre de aspecto bonachón. Estaba débil, sucia y hambrienta. Fue acomodada en el asiento trasero de un auto junto a una pequeña niña que la miraba con lástima y algo de cariño.

- Solo porque es tu cumpleaños y porque me siento culpable del desafortunado accidente en el que murió el perro de bigotes blancos cerca del colegio hace dos días, nos llevaremos esta perrita para que la cuides y la protejas.

Dijo el hombre a su pequeña hija mirándola por el retrovisor cuando empezaba el recorrido hacia su casa en el auto.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Todo en orden


Su mirada me cautiva cada vez más, su sonrisa compra el cielo y me hace vivir en él, sus abrazos me cargan de la buena energía suficiente para que la vida marche bien, su cabello excita mis hormonas y enciende el deseo más puro. Su vida me llena de esa felicidad que muchos buscan y que yo, desde hace ocho años, encontré en ella. Para mi prometida hermosa, este pequeño cuento de la vida real.


Todo en orden

La ilusión de la boda hacía que su sonrisa se hiciera interminable, lo notó cuando habló con ella, sentado en el sofá de su casa mientras veían uno de esos programas de detectives que ella suele ver.

Esa ilusión lo dejó preocupado, siempre ha tenido esa tonta duda en la cabeza. “No puede pasarse del nivel cero al nivel tres en un solo paso”. Pensaba.

Mientras caminaba hacia su casa, pensando en la sonrisa de ella, tomó la decisión que haría que esa tonta duda desapareciera por fin de su cabeza.

Eran las 12:00 de la noche en punto, empezaba un nuevo día (14 de diciembre para ser exacto) él mercó su número de celular irrumpiendo en su descanso. Ella respondió con voz tranquila. Él, con los nervios propios de la situación, recordando que su historia de amor con ella hace ocho años había roto los cánones del protocolo común que da inicio a los noviazgos, soltó la pregunta que había meditado durante un largo rato:
- ¿Quieres ser mi novia?

Ella rio y dijo que sí sin dudarlo.

Ahora estaban en orden los pasos: Amigos, novios y prometidos. También estaba ahora tranquilo él.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hermosa


Allí iba, atravesando el centro de la ciudad, absorta no sé en qué pensamientos, hermosa como siempre; como nunca. Yo solo la miraba, la admiraba. El poco sol que se atrevía a traspasar las grises nubes iluminaba su cabello, la brisa fría chocaba suavemente con sus manos y su rostro como queriéndole acariciar.

Yo solo la miraba, la admiraba. Es la mujer más hermosa que he visto.

Parecía no importarle su alrededor, el ruido de los carros y los gritos de los vendedores ambulantes no la perturbaba. Iba fresca, sonriente y enfrentando con tranquilidad el caos citadino. Su belleza sobresalía entre los demás habitantes. Yo caminaba a su lado. La miraba, la admiraba.

- Me encantas, le dije en un osado impulso que la sacó de su tranquilidad.

Me miró, se sonrió, apretó mi mano y prosiguió con su caminar mientras me decía: Te amo.

viernes, 22 de octubre de 2010

Espero verle mañana

-      La mujer que amo es mi mayor razón para vivir. Sus ojos negros, su cabello largo lacio, sus labios delgados y su piel blanca no salen de mi pensamiento.

Dijo el hombre de rostro iluminado que viajaba a mi lado en el tren.

Absorto en sus palabras hice una imagen de esa mujer en mi mente. Algunos recuerdos felices llegaron a mí.

-      Quisiera amigo que la conociera. Mire su retrato, es hermosa. ¿verdad?

La mujer que imaginé y la mujer de la fotografía eran las mismas. Era mi mujer.

Espero verle mañana de nuevo. Me dijo cuando llegamos a Itagüí.

lunes, 21 de junio de 2010

La obra del amor

Él pasó toda la semana buscando las palabras exactas para pedirle que se casaran, ella estuvo toda la semana extrañada por el comportamiento de él, algo diferente a lo normal.

Llegó el sábado y él venía en el autobús susurrando y fijando los últimos detalles en su mente, determinando las palabras precisas para pedirle a ella que fuera su esposa. Su camisa a rayas llevaba la fragancia varonil de una reconocida loción. Pasaba, nerviosamente, de mano a mano, el estuche con el anillo de compromiso que eligió para regalarle a ella. Quería que nada fuera improvisado, que el momento fuera tal como lo soñó y lo planeó durante toda su relación con ella. Esperaba que la reserva en el restaurante estuviera confirmada, que ella estuviera más hermosa que nunca, que el vino fuera el que solicitó, que a los girasoles que debían estar en la mesa no se les estuvieran cayendo los pequeños y tupidos pétalos, que no hubiese nada que interfiriera en la perfección de esa cita pactada.

Ella peinaba su cabello, pasó la tarde ‘empayasada’ con mascarillas que hicieron que su rostro estuviera radiante, pintó sus uñas con más esmero, su maquillaje tenue la hacían ver fresca y elegante a la vez. Ella no se imaginaba la razón de aquella cita tan poco casual.

Después de hacer varios intentos fallidos deliberadamente con su celular, decidió llamarla, quería escuchar su voz, quería mitigar los nervios y avivar la alegría del compromiso que decidió asumir.

Ella se encontraba una vez más frente al espejo, miraba de arriba abajo su reflejo y con sus dedos peinaba de nuevo su cabello. Su rostro evidenciaba alegría aunque no conociera la razón de aquella cita. Cuando sintió sonar su celular sabía que era él y corrió a contestar. Después de confirmar en su identificador de llamadas de su celular que era él, emocionada lo saludó. Él no escondió su emoción, le dijo palabras tiernas y se aseguró que ella estuviera lista para la cita.

Él la esperaba sentado a la mesa, ella llegó con 10 minutos de retraso, él no pudo dejar de expresar su alegría. La vio más hermosa que nunca, su vestido de flores la hacía ver elegante, su cabello rojo suelto brillaba con las luces del restaurante, su sonrisa hipnotizaba a quien la mirara. Llegó hasta la mesa en donde él la esperaba, él se levantó y la recibió con una sonrisa y un beso suave en los labios, recibió su cartera y la ayudo a acomodarse.

Las palabras sobraban, los nervios de él eran evidentes, ella estaba sorprendida y feliz. Llamaron al mesero y pidieron la orden. Hablaron de los acontecimientos de la semana, él sirvió una copa más de vino y desde la mesa del lado empezó a sonar una guitarra con las notas de una canción conocida por ellos, él se acercó, tomó su mano y al oído le dijo que la canción era para ella.

- “Cuando desperté allí estabas tú, aquella mujer con la que soñé…”

El joven que cantaba se acercó a la mesa sin dejar de cantar y tocar su guitarra. Ambos siguieron la canción hasta el final, ella dejó ver algunas lágrimas en sus ojos y él no dejó de mirarla.

Empezó una nueva canción, acordes suaves, letra romántica y un trago de vino para acompañar la ocasión. Él sacó de su bolsillo el estuche con el anillo y tomando la mano de ella lo colocó en su dedo. Ella lo entendió todo, él, con palabras cargadas de amor, más seguro que nunca, le pidió que fuera su esposa. Ella mezcló en su rostro algunas lágrimas con una sonrisa, se veía hermosa.

- “Hoy quiero sentirte, quiero decirte que estrellas y luna son hoy tuyas…”

De nuevo empezó la guitarra y una canción más, ella alguna vez le había pedido que se la dedicara el día que decidiera pedirle ser su esposa, él se acercó y la besó, ella pronunció el “si” que selló el compromiso.

Con un beso, una canción y los aplausos de los espectadores que presenciaron este primer acto de la obra cayó el telón.

viernes, 4 de junio de 2010

Resultados de la encuesta

Durante los 30 días que estuvo la encuesta activa (Del 3 de mayo al 3 de junio) pude notar la fidelidad que ustedes, amigos lectores, tienen con este espacio. El resultado no pudo ser más satisfactorio y motivador, espero seguir contando con su presencia, con sus comentarios y con sus aportes.

A la pregunta:

Me parece que el contenido del blog es: Excelente, Bueno, Regular, Malo, contestaron 30 personas y los votos se repartieron de la siguiente manera:

Excelente: 26 personas, un equivalente al 86.2 %
Bueno: 3 personas, un equivalente al 10.5 %
Regular: 1 persona, un equivalente al 3.3 %
Malo: 0 personas = 0.0 %


lunes, 3 de mayo de 2010

El sutil arte de engañar femenino

No fue la más convencional manera de hacerlo, pero fue la más intensa de todas. Esa tarde, ella me permitió hacerle el amor con ímpetu, con fogosidad, sin prejuicios y sin tabúes. Ella se entregó a mí sin preguntas, sin barreras.

La soledad de su casa y su ropa interior evidente tras la tela de su pijama alborotaron mis hormonas y me hicieron desearla más de lo normal. Yo sabía que estaríamos solos por un buen rato y le insinué la posibilidad de hacerme dueño de su cuerpo. Ella se dejó llevar y cedió ante mis besos y caricias. Sus ropas se fueron quedando relegadas en el piso mientras nos dirigíamos a su alcoba, mis labios no se separaban de los suyos y con los ojos cerrados los dos, con la memoria y la intuición nos guiamos hasta su cama. Ella me sentó con un leve empujón, parada frente a mí terminó de desnudarse y empezó a desnudarme a mí también. Antes de despojarme de mi ropa interior clavó su mirada en mis ojos y sentí que sin hablarme me decía algo. No supe descifrar qué era eso que me decía.

Sus besos incontables me vistieron en variadas ocasiones, sus uñas se clavaron en mi espalda sin medir consecuencias, su sudor se mezcló con el mío, su vientre friccionó el mío en movimientos continuos que marcaban el ritmo de nuestra respiración y me excitaban cada vez más. Mis manos recorrieron infinidad de veces su cuerpo, mis labios besaron su piel sin cansancio y el éxtasis nos golpeó en variadas ocasiones, a ella más veces que a mí; su respiración agitada, sus gritos apagados y sus uñas en mi piel me lo corroboraron.

Su mirada me hablaba y me decía lo que sus labios no, pero yo seguía sin comprenderlo.

Antes de irme de su casa, cuando nos despedíamos con un abrazo grande me dijo algo que perturbó esa tranquilidad cansada en la que estábamos después de habernos entregado el uno al otro. – “En este abrazo hay más calor que en los muchos que hace un momento nos dimos”.

Ahora entiendo su mirada insistente, entiendo que no sintió lo que yo cuando hicimos el amor, cuando yo le hice el amor, entiendo que antes de ese abrazo de despedida, mientras estaba conmigo no sintió nada aunque hasta el final me demostró que si. Ahora entiendo que sus gestos de deseo, satisfacción y excitación fueron mediados solo por el interés de no hacerme daño y de no frustrar mis deseos estrellándolos contra el suelo.

miércoles, 21 de abril de 2010

Don Juvenal

Es viernes y son las 12:14 del medio día, es la hora que siempre coincide con su paso por el frente de la U. Don Juvenal, un hombre de unos 80 años, lleva su cigarrillo de siempre, ese que pocas veces aspira y que se gasta en sus dedos y no en sus labios. Observa con sus ojos apagados cada uno de sus pasos lentos y pareciera que dominara su propio tiempo. Su cabello gris claro rebujado adorna su pequeña cabeza y su ropa caracteriza la ordenada vida que ha querido llevar siempre. Su paso por el frente de la U coincide siempre con la misma hora en mi reloj.

Don Juvenal pasa inadvertido ante los ojos de todo el mundo menos ante la mirada curiosa y burlona en algunas ocasiones de ese grupo de muchachos que después de terminar sus clases se sientan en las afueras de la Universidad para hablar de sus vidas, sus anécdotas y sus planes.

El sol incandescente golpea su caminar pero no lo perturba, sabrá Dios qué pasa por su mente, ah de ser algo bonito porque su rostro demuestra tranquilidad y felicidad. El ruido de los carros no incomoda su paz y ni el afán de los que pasan apurados por su lado logra acelerar su pasivo andar.

Son las 12:10 del medio día de este nuevo viernes, estoy, como de costumbre, sentado con mis amigos hablando de todo un poco. Recuerdo que es casi la hora en que don Juvenal ha de pasar y preparo mis palabras con las que trataré de hablar nuevamente con él. La primera vez que lo intenté sólo me dijo su nombre. 12:12 minutos y siento nervios, siempre he querido saber tantas cosas de don Juvenal pero nunca quise atreverme a acercármele de nuevo.

12:13 minutos y mis ojos esperan ver aparecer a ese hombre de edad avanzada, de cuerpo gastado y figura tierna que nunca falla con esa rutina a la que yo y mis amigos nos hemos acostumbrado. Mi corazón se acelera y siento que ese minuto es tan largo como un día, por fin me acercaré de nuevo a él y podré saber de Don Juvenal la razón por la que diariamente pasa a la misma hora exacta por este lugar.

Ha llegado la hora, son las 12:14 minutos del medio día, el calor es insoportable, por primera vez no hay carros sobre la avenida, mis amigos paran sus conversaciones y miran a lado y lado esperando a Don Juvenal, yo miro mi reloj y espero a que alguno de ellos anuncie la aparición de ese hombre que espero con tantas ansias. Mi reloj no se detiene y Don Juvenal no aparece.

Ahora son las 12:15 y él no apareció, aún no aparece. Extrañado, pregunto la hora a mis amigos creyendo y esperando que mi reloj estuviera descompuesto, pero no, son las 12 y cuarto. A las 12:30 aún estoy esperando a que aparezca, algunos de mis amigos ya han decidido marcharse a su casa, otros me insisten para que nos vayamos al boulevard a tomarnos una cerveza, yo sigo esperándolo.

2:10 de la tarde y estoy solo, consciente de que mi espera ha sido en vano, Don Juvenal no vino hoy. Sentado en el andén miro por última vez mi reloj, ahora son las 2:14 de la tarde y me dispongo a marcharme y cuando me levanto veo aparecer a Don Juvenal en la esquina, sus pasos lentos lo traen hacia mí, su cigarrillo ya no lo acompaña y su rostro de felicidad es más notable que siempre.

Estoy frente a él y antes de que yo pueda pronunciar alguna palabra escucho su voz diciendo mi nombre, lo miro a los ojos y él acalla mi sorpresa con una sonrisa. - Don juvenal…- le dije, pero no fui capaz de decirle más. Él toma mi mano derecha con la suya izquierda mientras que con la otra saca de su bolsillo de la camisa un papel y lo coloca en mi mano.

Observo el papel y veo una frase en él, una frase que ha de marcar mi vida para siempre. En letra pegada, con una caligrafía impecable decía: “aunque tus sueños se apaguen, aunque tus ilusiones se hundan con tu alma, te diré un consejo, nunca desistas”. Cuando termino de leer el papel noto que Don Juvenal ha emprendido su caminar lento y cansado de nuevo, está a dos pasos de mí pero no me atrevo a decirle algo más. Sorprendido, dejo que se aleje y a medida que lo hace su figura se desvanece en el paisaje citadino que ahora pareciera volverse agresivo, cargado de ruidos y bajo el calor insufrible por ese sol que resguarda en sus miles de brazos los espacios que se digna tocar.

viernes, 12 de marzo de 2010

De paso por la ciudad

"Estaba sonando una canción de Diomedes Díaz, el sol estaba pegando con mucha fuerza y algunas cervezas acompañaban la conversación que tenían los cuatro muchachos en la mesa. Al lado estaba el resto del grupo también conversando, riendo y tomando cerveza.

Yo estaba con mi esposa y mi hijo de 11 años en una mesa cercana, habíamos acabado de llegar a ese boulevard porque yo quería que mi familia se sintiera parte de esa sociedad que a veces veía en la televisión cuando en las noches, en la finca del patrón, no había mucho por hacer.

Ese día los llevé a que conocieran el Metro y nos recorrimos todas las estaciones, recuerdo el asombro de mi esposa y mi hijo cuando descubrieron que a pesar de la velocidad a la que íbamos podían soltarse de los tubos y parecían quietos en un mismo punto. Les dije que iríamos a algún centro comercial para que vieran muchas tiendas juntas y el único que se me ocurrió fue el que vi más cerca desde la estación del Poblado y justo ahí nos bajamos. Entramos a Monterrey y mi hijo me preguntaba por todo lo que veía, yo le respondía cualquier cosa que se me viniera a la cabeza, sabía lo mismo que él.

Buscando un baño para mi esposa resultamos en frente del boulevard y un olor a comida nos llevó hasta allá, nos hicimos en la primera mesa y descargamos los paquetes que llevábamos y mientras mi esposa buscaba el baño, le compré a mi hijo un perro caliente para que almorzara y de paso probara esa comida rara que siempre veía en la tele. Cuando la niña de la tienda de comidas le llevó el pedido a mi hijo mi esposa sacó de su bolsa un tarro lleno con agua de panela y en un vaso que yo pedí en la tienda le sirvió a mi hijo para que pasara su almuerzo. En ese momento supe que estar a la altura de la sociedad de las ciudades no es tan difícil como dicen en mi pueblo, pues vi con asombro cómo los cuatro muchachos que estaban en la mesa del frente tomando cerveza, observaban sonrientes a mi hijo trinchar con elegancia el pan, coger con sólo dos dedos la salchicha y llevar a su boca la cuchara con la ensalada".

Algunos de los hechos relatados en este cuento son extraídos de la realidad, otros son pura imaginación del autor.

Dedicado a los cuatro muchachos de la mesa y al niño que comía, con todo el gusto del mundo y su a su propio estilo, su perro caliente.